El Nido vuelve con el viento de Siurana


Vosotras/os me preguntabais; ¿cuándo terminará este cierre temporal? y yo os decía: estoy centrándome en mi carrera, en mi arte, en encontrar vínculos entre todas mis pasiones, no tengo tiempo, no tengo tiempo, no tengo... 

Y no os mentía cuando decía que ahora quizás no era el momento de contaros nuestra vida de esta forma que creía ya pasada, como si pudiera, a través de diminutas imágenes en nuestro instagram conjunto @theaprilnest, daros a conocer un resquicio de nuestros descubrimientos. Sin embargo yo soy de las que nunca dicen nunca y hoy ha sido un día especialmente tormentoso en una época terriblemente agobiante: la última contrareloj del semestre, las Prácticas, la Intervención Pedagógica, la Memoria, formaciones varias, Kaynta y otras preocupaciones sobre el futuro me mantienen en un estado de constante ansiedad, agobio y agotamiento que, mezclados con la desazón y desmotivación de este curso, me están repercutiendo en un dolor muscular terrible y un estado de anhedonia y tristeza casi permanente. 
Sin embargo entre uno de estos momentos de desidia he vuelto a nuestras fotografías por la bella Siurana.

En nuestro paso por Siurana encontramos un Nido, una puerta de madera gigante como la que nos gustaría que tuviese nuestra futura casa de pueblo. Verla de nuevo ha sido como una pequeña señal, un pequeño gusanillo volviendo a roer mis entrañas, a susurrarme; por qué no seguís contando lo que vais encontrando por el camino, cómo vais haciéndoos cada vez más claros y fuertes, más esenciales, más valientes. Y quizás sea bonito, encontrar algo de tiempo para venir aquí y explicaros que hemos crecido, que nuestras manos están aprendiendo constantemente a labrar la tierra, que hay algunas cosas que ya sabemos acerca de lo que nos gustaría y de lo que tenemos que huir. Que partiremos del cielo gris para volver a la flor, y nada nos gustará más que compartir con vosotras/os las hazañas.

Él (aquí Leo Barrow) sonríe cuando le digo; nuestro hogar virtual ha abierto de nuevo sus puertas. Y por unos momentos consigo olvidar las responsabilidades, lo que tantos otros esperan de nosotros, el camino que nos ha sido impuesto. ¿Conseguiremos trazar nuestro propio sendero? ¿El de verdad?

De momento planeamos conducir hasta Moscú y vivir para contároslo luego.

Gracias a todas/os los que insististeis en que este espacio volviera, os debo algo (y si tenéis ganas de algún post en especial sólo tenéis que pedirlo) os dejo con la magia de Siurana y con la música de Roba Estesa narrando su leyenda:











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