Mi momento vital

Por fin encuentro el momento de sentarme a escribir.

Estas dos semanas las he dedicado a la formación permanente del profesorado asistiendo a la 52º Escuela de Verano de Rosa Sensat en la modalidad certificada en artes (con un curso de Laboratorio de Dibujo y otro de Bioconstrucción), el intensivo de Literatura de álbumes ilustrados sin palabras (para todas las etapas escolares de 0 a 18 años o más) y el Tema General sobre <<Un cambio educativo 'inevitable', retos y oportunidades>> (con conferencias, debates, conversaciones, reflexiones críticas etc...). Han sido días muy muy intensos, de salir de casa a las 7h y volver a las 21h con tanta información y debate interno que he terminado agotadísima, pero eso sí, muy satisfecha de la experiencia.

También han sido días adecuados para leer sobre mi profesión; muchos artículos, la primera lectura de 'Carta a una maestra' de los niños de Barbiana que cumplió 50 años el pasado junio, conocer a David Bueno y empaparme de su 'Neurociencia para educadores' y reencontrarme con Malaguzzi, así que tengo muchísimas ganas de contaros conclusiones, reflexiones y demás.

Y no he dado para más; mañana nos vamos a Navarra y luego seguramente haremos ruta por el Norte y Portugal, pero antes quería dejaros al menos este post prometido (y si me da tiempo algunas entradas programadas) sobre el momento que siento que estoy atravesando actualmente.

Fotografía de @leobarrow
Es obvio que durante la vida nos encontramos con momentos de transición que son imprescindibles para madurar y seguir adelante, pero nunca hasta ahora había sido tan consciente de uno de estos procesos. Ocurre a veces que las etapas se van sucediendo dependiendo de acciones que llevamos a cabo o de cambios en nuestro contexto (terminar una carrera universitaria, empezar un trabajo, mudarse a otra casa o decidir formar una familia son ejemplos claros de situaciones en las que detectamos sin ninguna vacilación que nuestra vida está dando un giro), también pasa cuando tomamos un camino que nos lleva a experiencias inesperadas y sorprendentes que nos cambian, pero, en otros momentos, puede tratarse de algo más sutil, algo que forma parte de nosotros/as mismos/as y que va más allá de lo que pasa a nuestro alrededor. Desde hace ya bastante tiempo siento que estoy transformándome de nuevo, quizás en buena parte sea culpa de mi carrera y mi profesión que me ha 'obligado' a dejar atrás muchas de las cosas que llevaba a cuestas y me 'pesaban' y ello se ha ido haciendo visible exteriormente en cosas banales; mi forma de vestir, de maquillarme o no maquillarme, los objetos que consumo o no consumo, mi alimentación... son cosas que han cambiado casi drásticamente en estos últimos años, pero también lo han hecho cosas menos obvias; mi manera de entender las relaciones sociales, el mundo que me envuelve, las nuevas tecnologías, los diversos contextos comunitarios, el amor, el sexo, el acto de relativizar constantemente, el tono de voz, las palabras utilizadas, la consciencia de esa habla, en definitiva; el estar en el mundo. Mi estar no es el mismo que antes de entrar en este maravilloso mundo que es la educación, y si a eso le sumamos todas las experiencias personales que han ido ocurriéndome en este tiempo, se hace evidente lo rápido (a veces rapidísimo) que crecemos.

Todas/os pasamos por estos procesos y vamos 'haciendo camino al andar', sin embargo en estos momentos de crecimiento me interesa también mucho la espiritualidad, cuidar el alma. Dicho así puede sonar un poco 'gurú', pero siento que es necesario pararse a preguntar y a ver qué hay más allá de nuestro 'día a día' marcado por la sociedad, qué nos queda de nuestra condición de seres vivos, por qué estamos tan desconectados de todo lo que nos envuelve (de eso hablaré más en otro post), etc... Siempre he creído en las energías que desprendemos y que nos son retornadas de alguna forma, para mí la suerte no es nada más que energía proyectada, y aunque hay mucho que criticar de el famoso 'El Secreto', sí recojo su idea-base. 
También en este tiempo he leído 'El Poder del Ahora' y he podido quedarme con algunas ideas clave para seguir creciendo, aunque como ya dije por goodreads este tipo de libros siempre me tienen dividida puesto que creo que en algunas personas y circunstancias pueden ser contraproducentes. En mi caso los leo sólo para quedarme con lo que me interesa o causa alguna resonancia en mí, pero no me lo tomo como verdades absolutas ni nada por el estilo.

Estoy aprendiendo a deshacerme del estrés, del ruido constante de mis pensamientos, dándome cuenta de que cuando estos acallan soy capaz de sentir una gran alegría hacia el mundo, hacia todas las pequeñas cosas. Y pienso que ello es, realmente, la felicidad y el bienestar. La serenidad. Me interesa recobrar espacios de serenidad y es por eso que intento volver al yoga (¡hace unos días me inicié en las elevaciones!), empezamos acroyoga casera y quiero descubrir algo más de meditación. También hace muchísimo que con E. hablamos sobre el veganismo, y ese es otro tema que me gustaría incorporar poco a poco y convertirlo en realidad (aunque como ya he dicho en otras ocasiones, en nuestro caso se nos hace muy cuesta arriba). Cuanto a la gestión de los problemas y en especial de los tiras y afloja de la vida en pareja también estoy intentando 'amasar el pan' y en definitiva conseguir ser en una vida más sosegada.

Pienso muchísimo en el porqué de lo que siento, sufro o noto, tanto física como psicológicamente, empiezo a distinguir entre las cosas que me ayudan y las cosas que no lo hacen, pero sobre todo, lo más importante para mí es que soy totalmente consciente de mis fortalezas y de mis defectos (en eso también ayuda mi profesión, jamás podrás ser buena maestra si no te reavalúas constantemente para ser mejor persona) y eso lo cambia todo. Ser consciente de nosotros/as mismos/as va más allá de saber qué cosas se nos dan bien y qué cosas no, y en mi caso viene acompañado de unas grandes ganas de mejorar y aceptarme (y sí, esas dos cosas pueden parecer contradictorias pero os aseguro que van muy muy unidas). 

Ya lo he dicho en otras ocasiones pero para mí, mi mayor problema y de dónde salen la mayoría de mis defectos es el pánico, en su definición más compleja y en un sinfín de circunstancias. Por suerte también sé que mi energía y entusiasmo jamás dejará que el miedo lo invada todo, y de hecho en la mayoría de ocasiones soy de las que se tiran a la piscina aunque tengan miedo porque no saben nadar, por el mero hecho de que sé que es esa la única forma de aprender a hacerlo. Esta metáfora la estoy extrapolando a todo, porque el miedo paraliza y no, no quiero vivir paralizada, ¡mi naturaleza aventurera y risueña jamás me lo permitiría! 

Es cierto que, por ejemplo, hay miedos que no dependen absolutamente de mí controlar y que se me hacen muy cuesta arriba porque tienen buenos argumentos para ser, este sería mi pánico al terrorismo, y cuando digo pánico es pánico, no solamente miedo cuando lo pienso; no soy capaz de coger el tren o el metro. Eso es un problema, principalmente porque les estoy dejando ganar, pero sobre todo porque entorpece mi día a día y me hace preferir contaminar el medio ambiente y gastar en petroleo en vez de ir en transporte público (es sólo un ejemplo, pero hay muchos más, como prescindir de ir a conciertos o festivales, evitar ciudades grandes o países enteros etc...).

Pero luego hay miedos que vienen de la infancia (cada uno con sus motivos) y que ya debería empezar a superar: el hipocondrismo (¿quizás porque una parte de mi niñez la pasé en un hospital?), el miedo a morir o a estar en peligro (¿quizás por falta de una figura de seguridad, estabilidad, cariño, templanza y respeto paternal?), el miedo a conocer a grupos de gente nueva o a relacionarme con más de una persona que no conozca - a pesar de que me considero muy extrovertida cuando ya he superado el primer obstáculo - y sentirme una extraña (seguramente eso también se debe a la falta de aceptación y validez en la infancia por parte de la figura paterna, de eso hablaré también en otro post - de la importancia de que los niños y niñas sienten que son válidos tal y como son -) o a hacer cosas concretas como 'bailar' - consecuencia; nunca salgo de fiesta - (también porque alguna vez los mayores me dijeron que no sabía hacerlo) etc...

Luchar contra estos miedos me ha supuesto ser muy honesta conmigo misma, tomarme las cosas menos a pecho, saber decir la verdad, a los demás pero también a mí, y no hace falta decir grandes verdades, sino estar absolutamente segura de lo que estás diciendo, sentir dentro tuyo que eso es así y no esconderlo. Por poneros un ejemplo, a veces, cuando públicamente se me escapa el hecho de tener una deficiencia de figura de seguridad en la infancia siempre intento borrarlo, porque en el fondo me sabe mal, pienso en si algún día esa persona leyera mis palabras y empatizo con su dolor al saberse de este modo, pero ser honesta también implica no invisibilizar problemáticas que son más comunes de lo que imaginamos e implica poder decir públicamente: he tenido problemas y tengo problemas internos porque a su vez mi padre ha tenido y tiene problemas de gestión de la frustración lo cual ha hecho que mi infancia y adolescencia tuvieran grandes carencias afectivas. Si soy tan positiva como lo soy y no caí en una adolescencia problemática es tan sólo porque a esa carencia debemos sumarle muchos refuerzos por parte de otros miembros de mi familia que siempre han intentado equilibrar la balanza aunque ellos mismos estuvieran dentro de ella. ¿Debe esto silenciarse por pertenecer a lo íntimo, a lo privado? ¿Puedo de algún modo, con estas palabras, herir a esa persona que seguramente y aunque parezca imposible, no fue nunca consciente de su impacto? Es lo más probable. Pero es la verdad que hay dentro de mí, y para entenderme hace falta decir eso en voz alta, comprenderlo y saber poco a poco salir de esa jaula de la causa-consecuencia, porque no somos la consecuencia, sino lo que hacemos con ésta. También aceptarlo, esa es una parte fundamental de mi quimera, aceptar esa realidad vivida o el miedo o todas las demás cosas que me han ido conformando con mis virtudes y mis defectos, aceptar verlo desde la mirada adulta, desde la toma de las riendas de la vida; tenemos esto, y con esto vamos a intentar mejorar, a hacer camino, a sentirse mejor con uno mismo y con los demás. 

El 'cómo estamos en el mundo' es imprescindible, para mí es una cuestión que no termina nunca, que va moldeándose y que necesita acabar con la concepción de que 'las cosas van pasando', para poder pasar a empoderarnos para coger las riendas de nuestra propia vida. Cogerlas es importante puesto que a partir de ahí se tiene la posibilidad de convertir en acciones nuestros valores éticos y morales, y también nuestros deseos y ambiciones.

Creo que este es mi momento vital, y que es bueno escribir sobre las transformaciones que sufrimos y leer a otros/as lo que hierve en su interior, porque al final todos/as somos/as muy parecidos/as y aprendemos los/as unos/as de los/as otros/as mucho más de lo que creemos.

Espero que este post os haya servido un poquito, al menos para preguntaros en qué punto de la vida os encontráis vosotros/as.

Fotografía de @leobarrow

Comentarios

  1. No sé cómo lo haces pero parece que cada vez que te leo estoy echando un vistazo a mi vida. En infinitud de ocasiones he tenido la sensación de que nos encontramos en el mismo momento vital y es muy reconfortante identificarme en tu escritura. La verdad es que últimamente también estoy leyendo bastante libros de espiritualidad y aunque en la mayoría de los casos me pasa también como con El Secreto (aproveché un par de reflexiones que incorporar a mi vida), consigo siempre sacarles algo de jugo.
    Dejé el pilates por temas médicos y ahora que he retomado el ejercicio me apunté al gimnasio porque con mis horarios es imposible ir a clases, pero la verdad es que después de una minisesión de pilates que hice con una amiga y ahora al leerte a ti con el yoga, creo que en cuanto terminen los meses que ya he pagado de gimnasio empezaré a hacer pilates en casa.
    Me alegra mucho leerte y verte en este momento de reencuentro contigo misma.
    Un abrazo siempre enorme.

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    1. Bonita, siempre está bien sentirnos acompañadas y tengo muchísimas ganas de verte :)
      A mí el pilates no me gusta, fui algunas veces pero la profesora que impartía las clases parecía que iba chutada y me daba la sensación de que estaba más en zumba que en pilates. El yoga es mucho más tranquilo y deja mucho más espacio a la mente, aunque como todo, también es depende del profesor o profesora que te toque (tuve la suerte de dar con uno de esos señores de pelo blanco y largo que son tan tan tan especiales).
      Te mando muchísimos besos y espero que estés muy bien :)

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